LAS FALACIAS DE LA PSIQUIATRIA FORENSE SOBRE EL CONCEPTO DE DAÑO PSIQUICO

 

 

 

FERNANDO CESAR ROMERO

http://www.psicologema.com/pericia-psicologica

 

 

 

“Los dictámenes psiquiátricos se hacen sin conocimientos [psico]analíticos de la personalidad y carecen de fundamento científico”, Franz Alexander y Hugo Staub, EL DELINCUENTE Y SUS JUECES DESDE EL PUNTO DE VISTA PSICOANALITICO, Editorial Biblioteca Nueva, Madrid, año 1961, pág. 46.  

 

 

   Que los dictámenes psiquiátricos forenses carezcan de fundamento científico es un hecho conocido de vieja data*. Lo que no resulta conocido es el nuevo tipo de fraude introducido por la psiquiatría forense argentina. No se trata del fraude científico del dictamen psiquiátrico que se instrumenta mediante el inválido método psiquiátrico forense de evaluación. Tampoco se trata del fraude de la usurpación de la incumbencia del psicólogo que perpetra el médico con fines de elusión de dicha invalidez metodológica. Se trata de un fraude intelectual en virtud del cual se expiden algunos dictámenes periciales y se fundamentan algunas sentencias judiciales. Se trata de la definición falaz, y consecuente aplicación errónea, del concepto de daño psíquico y del sofisma del síntoma aislado que la psiquiatría forense argentina elucubró de modo contrario a los principios científicos de la Psicología y en oposición a la normativa vigente.

 

   La definición falaz del concepto de daño psíquico, cual es citada en casi todos los libros de psiquiatría forense, en artículos publicados por el Cuerpo Médico Forense y en artículos publicados por distintos jurisconsultos, es la siguiente:

 

“Se ha definido al daño psíquico como aquel “síndrome psiquiátrico coherente (enfermedad psíquica), novedoso en la biografía, relacionado causal o concausalmente con el evento de autos (accidente, enfermedad, delito), que ha ocasionado una disminución en las aptitudes psíquicas previas (incapacidad), que tiene carácter irreversible (cronicidad) o al menos jurídicamente consolidado (dos años)”. (Ricardo Ernesto Risso, DAÑO PSIQUICO. DELIMITACION Y DIAGNOSTICO. FUNDAMENTO TEORICO Y CLINICO DEL DICTAMEN PERICIAL, Cuadernos de Medicina Forense, Año 1, número. 2).

 

   Se observa una falla fundamental comprendida en la definición de daño psíquico dada por el psiquiatra Ernesto Ricardo Risso, esto es, la omisión de la calificación del evento de autos como ilegítimo o ilícito. Tomada al pie de la letra, cualquier relación con el mismo caería bajo la extensión del concepto definido. Sin embargo, un accidente que causara un trastorno por estrés postraumático no implicará daño psíquico, si el demandado careciera de responsabilidad. Más allá del error genérico señalado, respecto de la definición psiquiátrica forense de daño psíquico caben formular las siguientes refutaciones:

 

a) El concepto de enfermedad mental cayó en desuso, pues los síndromes psicopatológicos carecen de etiología biológica. En su reemplazo se usa el concepto de trastorno mental, el cual se define en base signos y síntomas y teniendo en consideración la conducta, las capacidades y funciones yoicas y su relación con los impulsos, la actitud, el estado emocional, los modos de relaciones interpersonales y la historia vital del entrevistado, para lo cual debe instrumentarse la administración de técnicas de exploración psicológica. Los métodos de la medicina, a los efectos de la determinación objetiva de daño psíquico, resultan superfluos, ya que no exploran la mente, sino el organismo.

 

b) El concepto de “síndrome psiquiátrico” es insuficiente a los fines del diagnóstico de daño psíquico. En efecto, puede presentarse un nuevo equilibrio postraumático, pero con deterioro de la personalidad, con modalidades de funcionamiento mental de nivel inferior al pretraumático, y ello no constituir un síndrome psiquiátrico de manual. Por ejemplo, el deterioro de la unidad de la imagen corporal causado por lesiones no constituye, en sentido estricto, un síndrome psiquiátrico, pero sí implica un deterioro psicológico del sujeto, un cambio de su posición subjetiva. Por lo tanto, a los fines de la determinación del daño psíquico, el enfoque psicodinámico (psicoanalítico) es mucho más preciso que el enfoque psiquiátrico.

 

b’) Los baremos oficiales contienen ese sesgo falaz elucubrado por la psiquiatría forense en virtud del cual se promueven e instituyen falacias clínicas. Por ejemplo, el baremo laboral refiere que la neurosis postraumática se denomina “reacción vivencial anormal neurótica histérica, obsesivo-compulsiva”, entre otras. Ahora bien, por principio científico de la Psicología Profunda, puede afirmarse que resulta imposible que las neurosis traumáticas adopten la forma clínica de las psiconeurosis, pues en estas el conflicto psíquico se halla integrado en la cadena asociativa (verbigracia, el sueño constituye la realización de deseos), mientras que en aquellas el trauma psíquico no se integra a la misma (verbigracia, la pesadilla va más allá del principio del placer, es decir, no constituye la realización de deseos). Inclusive, el baremo de uso privado publicado por el psiquiatra forense Mariano N. Castex también contiene esa falacia típica de la psiquiatría forense de asimilar los efectos del trauma psíquico a las psiconeurosis (cfr. DAÑO PSIQUICO Y OTROS TEMAS FORENSES, Editorial Tekné, Buenos Aires, año 1997, págs. 29-30).

 

c) El término “coherente”, presente en la definición psiquiátrica, no pertenece a la psicopatología, sino a la Lógica Simbólica donde significa que el sistema axiomático de que se trate no deriva contradicciones. Ahora bien, interpretar, bajo tal significado, que el síndrome es coherente no tiene mayor sentido. Por lo tanto, el concepto de coherencia no es extrapolable a la psicopatología. Inclusive, uno de los síntomas de la neurosis es el beneficio secundario en virtud del cual el sujeto se resiste a la elaboración de aquella al tiempo que manifiesta sus intenciones de superarla. Vale decir, la neurosis se caracteriza, entre otros aspectos, por la incoherencia. En efecto, “en los neuróticos traumáticos los beneficios secundarios desempeñan un papel aún más importante que en los psiconeuróticos” (Otto Fenichel, TEORIA PISCOANALITICA DE LAS NEUROSIS, Editorial Paidós, Buenos Aires, año 1966, pág. 151). Respecto del sintagma “síndrome psiquiátrico coherente”, que según el psiquiatra tendría como referencia algún cuadro de manual en orden al diagnóstico de daño psíquico, cabe, por el contrario, el empleo de la categoría “no especificado” para los cuadros en los que los síntomas presentes no se ajustan totalmente a las categorías específicas preestablecidas. Por lo tanto, no es necesario el diagnóstico de cuadro específico alguno a los fines del diagnóstico de daño psíquico.

 

d) La definición psiquiátrica de daño psíquico no hace referencia al componente inconsciente de la neurosis traumática. Tal omisión le permite a la psiquiatría forense la construcción del sofisma del síntoma aislado. El ejemplo capcioso que da la psiquiatría forense argentina es el siguiente:

 

“una cosa es que el damnificado de un accidente no pueda salir a la calle, o sólo pueda hacerlo acompañado de otra persona, y otra cosa es que al hacerlo sienta una desagradable inquietud o deba mirar varias veces antes de cruzar la calle. En los dos casos podemos hablar de “agorafobia”. Pero en el primer caso existe una verdadera incapacidad (tanto para continuar desempeñando sus actividades habituales como para relacionarse), que nosotros debemos valorar como daño psíquico y graduar de acuerdo a un baremo. En cambio, en el segundo hay un disconfort o desasosiego que no genera ningún tipo de incapacidad (aunque podamos informárselo al juez para que él decida si lo incluye en el daño moral)” (Obra citada).

 

   Lo que oculta la psiquiatría forense es que la neurosis traumática subyace en la emergencia del malestar anímico, en la hipervigilancia y en la insuficiente capacidad yoica para evitar la ansiedad. Si un sujeto siente temor y se torna hipervigilante al cruzar la calle, y esa reacción obedece a la asociación mental involuntaria del hecho disruptivo desencadenante de la vivencia traumática, entonces subyace la neurosis traumática. Ese ejemplo muestra, además, que ese yo se halla deteriorado en cuanto a su fortaleza, por lo cual su capacidad defensiva puede ser vulnerada por un estímulo exógeno muy poco significativo. Y si las aptitudes yoicas se hallan deterioradas, se presumen otras consecuencias negativas. Por lo tanto, no existe síntoma aislado, sino neurosis traumática. La ilustración propuesta por la psiquiatría forense respecto de un síntoma de grado de apariencia leve no implica, por la razón de esa supuesta levedad, que el mismo sea un síntoma aislado. Por otra parte, el componente inconsciente del malestar anímico relativo al ejemplo dado por la psiquiatría forense argentina indica a las claras, y de modo contrario a su enunciación, que no se trata de daño moral, sino de daño psicológico. De acuerdo a Sandor Rado en su obra titulada PSICOANALISIS DE LA CONDUCTA, Ediciones Hormé, Buenos Aires, año 1962, págs. 172-173: “El amplio conjunto de perturbaciones creado por el estado hiperactivo del control de emergencia halla su representación psicológica central en el temor a quedar expuesto a una lesión ulterior, o a la muerte. La vaga idea de un daño futuro cobra forma en la mente del paciente como el daño ya recibido, y así su temor a la lesión se convierte en el temor a la recurrencia de esa experiencia particular. A esto se lo puede denominar el factor traumatofóbico.” La preocupación sobre la repetición del hecho traumático que irrumpe involuntariamente en el sujeto es, por lo tanto, un componente de la neurosis reactiva.

 

e) El psiquiatra del Cuerpo Médico Forense postula una incompleta lista de sólo cuatro áreas cuya incapacidad denota daño psíquico:

 

“La enfermedad psíquica que el perito diagnostique debe dañar de manera perdurable una o varias de las siguientes funciones del sujeto: - Incapacidad para desempeñar sus tareas habituales. - Incapacidad para acceder al trabajo. - Incapacidad para ganar dinero. - Incapacidad para relacionarse.”

 

   Conforme se advierte, la psiquiatría forense argentina omite capciosamente diversas áreas de la subjetividad que se encuentran afectadas en los casos de daño psicológico, tales como, la capacidad de disfrute sexual, desexualizado (sublimación) o recreativo, la capacidad de aprendizaje, el proyecto existencial, la unidad de la imagen corporal y la autoestima.

   Por otra parte, el contexto del término “incapacidad” tal como es empleado por el psiquiatra forense induce al error. En efecto, “Incapacidad para ganar dinero” significa no estar capacitado en absoluto para ganar dinero. Por traslación de sentido, los demás usos de dicho término pueden adquirir esa significación absoluta. Sin embargo, la incapacidad psicológica, por lo general, es parcial. Por ejemplo, puede estar deteriorada el área de las relaciones interpersonales por disposición de parte las correspondientes catexias en orden a la tentativa de reestablecimiento de la homeostasis y ello no significar una total incapacidad, sino una disminución parcial de esa aptitud.

 

f) La Tabla de Evaluación de Incapacidades Laborales (Decreto 659/96 del Poder Ejecutivo Nacional) establece incapacidad psicológica para la reacción vivencial anormal neurótica aun cuando la misma sea transitoria. Vale decir, no resulta menester que la neurosis traumática sea crónica, como se pretende desde la psiquiatría forense argentina, a los efectos de la cuantificación de la incapacidad psicológica secuelar.

   Ahora bien, la psiquiatría forense argentina construyó la falacia de la cronicidad de la reacción vivencial anormal neurótica como criterio diagnóstico de daño psíquico en base a la falacia del sufrimiento normal. El concepto de sufrimiento psíquico normal asociado a trastornos mentales es un invento capcioso del Dr. Ernesto Ricardo Risso. Para no abundar, se proceda a realizar un sesgo de la falacia de la psiquiatría forense:

 

“Los sufrimientos normales (... ) Aquí se incluyen los dolores intensos (...)”

 

De acuerdo al DSM-IV BREVIARIO, Editorial Masson, Madrid, año 2002, pág. 225: “El síntoma principal del cuadro clínico es el dolor localizado en una o más zonas del cuerpo”. Tal trastorno mental se denomina “F45.4 Trastorno por dolor”. Por ende, de las premisas del Dr. Risso se deriva una contradicción, ya que exige como condición de daño psíquico la consolidación de algún trastorno mental (enfermedad mental, según su expresión), a la vez que hay trastornos mentales que los enmascara bajo el falso axioma del sufrimiento normal y, en función de ello, no los reconoce como daño psíquico. Por lo tanto, la condición de cronicidad de la psiquiatría forense a los efectos del diagnóstico de daño psíquico se halla fundada en una falacia.

 

  

   Conclusión: En consecuencia, la definición que la psiquiatría forense argentina presenta del concepto de daño psíquico es otro de sus sofismas. ¿Cuál es la razón por la que la psiquiatría forense argentina definió falazmente el concepto de daño psíquico? La respuesta se halla explícitamente comunicada en el artículo publicado por el Cuerpo Médico Forense: “La propuesta de limitar las secuelas incapacitantes”. Por lo tanto, el Cuerpo Médico Forense no presenta, en materia de daño psíquico, un tratado científico sobre el tópico, sino un fraude intelectual con objetivos no definidos, pero inteligibles.

 

   Primer corolario: La definición de daño psíquico debe referir el deterioro de la personalidad, de la inteligencia y de la unidad de la imagen corporal causados por vivencias traumáticas, por traumatismos o por lesiones físicas de origen exógeno, y debe comprender la dimensión inconsciente de la regresión hacia una modalidad yoica más primitiva de la neurosis traumática, de la depresión reactiva o del deterioro de la personalidad secuelar. Toda definición de daño psíquico que no incluya dichos factores resulta falaz.

 

  Segundo corolario: Perteneciendo la definición correcta al dominio estricto de la Psicología Forense, al diagnóstico de daño psíquico se arriba por medio de la aplicación de tests psicológicos. Toda evaluación que no incluya la aplicación de los métodos de la Psicología, y por ende, la intervención profesional del psicólogo, constituye un fraude en orden al diagnóstico de daño psicológico.

 

 

* La observación de Franz Alexander se viene verificando de continuo en el campo pericial. En efecto, la metodología de la psiquiatría forense relativa al diagnóstico implica la siguiente modalidad de evaluación:

 

“Una palabra hablada o escrita, un gesto, la densidad de un paso o el modo de hacer sonar el timbre, la frecuencia o tonalidad de la voz bastan para producir un sólido diagnóstico(Mariano N. Castex, DAÑO PSIQUICO Y OTROS TEMAS FORENSES, Editorial Tekné, Buenos Aires, año 1997, pág. 36).

 

Es decir, la psiquiatría forense se basa la intuición. Tal falacia metodológica también se advierte en el siguiente postulado psiquiátrico:

 

“Como suele decirse en el ámbito del Cuerpo Médico Forense de la Justicia Nacional, “la clínica es siempre soberana” y, con frecuencia, la síntesis intuitiva clínica derrota los análisis más minuciosos” (Mariano N. Castex, EL DAÑO EN PSICOPSIQUIATRIA FORENSE, Editorial Ad-Hoc, Buenos Aires, año 2013, pág. 73).

 

   En consecuencia, el método de evaluación de la psiquiatría forense es científicamente inválido. En muchos casos, esa invalidez es eludida por médicos psiquiatras y por médicos legistas mediante otras fraudulencias, a saber, la usurpación de la incumbencia del psicólogo y la violación del artículo 10 de la Ley 23.277.