LA INVALIDEZ CIENTIFICA DEL METODO PSIQUIATRICO FORENSE DE EVALUACION Y LA USURPACION DE LA INCUMBENCIA DEL PSICOLOGO COMO FACTORES DEL FRAUDE PERICIAL

 

 

FERNANDO CESAR ROMERO

http://www.psicologema.com/pericia-psicologica

 

 

 

Indice:

 

La relegación del psicólogo (convocatoria de profesionales sin incumbencia para el ejercicio de la psicología)

Psicodiagnóstico versus evaluación clínica

La invalidez científica del método clínico de evaluación de la psiquiatría forense

El fracaso de la evaluación psiquiátrica forense

Ineficacia del método psiquiátrico para predecir conductas suicidas

Incapacidad de la psiquiatría forense para el diagnóstico de psicosis

La falencia de la psiquiatría forense para el diagnóstico de simulación

Ausencia de criterios científicos de la psiquiatría forense para el diagnóstico de deterioro cognitivo causado por traumatismo de cráneo

Insuficiencia del método de la psiquiatría forense para la cuantificación de deterioro cognitivo patológico

Variantes de fraude científico de la psiquiatría forense y de la medicina legal psiquiátrica

La usurpación de la atribución del juez que perpetran médicos psiquiatras y legistas

La usurpación de la incumbencia del psicólogo que perpetra el perito médico

El fraude de la compra extrajudicial del psicodiagnóstico

Imprescindibilidad del perito psicólogo como factor de resistencia científica contra el fraude psiquiátrico-legista

El hospital público como medio de fraude pericial

El Gabinete Pericial de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires como organismo de facto orientado servilmente a los intereses de la psiquiatría forense y de la medicina legal

Conclusiones

 

 

“Cualquiera es competente para discutir problemas psicológicos, tanto si se ha tomado la molestia de estudiar el tema como si no, y siendo la opinión de todos de igual valor, la del psicólogo profesional debe ser excluida a toda costa, ya que podría estropear el juego al presentar datos que alteran las especulaciones y los maravillosos castillos de arena tan laboriosamente levantados por los profanos. (...) Siempre se toman todas las precauciones, naturalmente, para que el planteamiento lo haga alguien sin la más mínima preparación en psicología científica.” Hans J. Eysenck, PERSONALIDAD Y VIDA SOCIAL, Ediciones Morata, Madrid, año 1962, págs. 19-20.

 

           

La relegación del psicólogo (convocatoria de profesionales sin incumbencia para el ejercicio de la psicología):

 

   La irónica observación que Hans J. Eysenck había hecho hace más de medio siglo sobre la televisión británica goza de plena vigencia al ser transportada al ámbito de los pleitos judiciales en la República Argentina, pues la convocatoria del perito psicólogo es a menudo omitida, ya que en su lugar suelen designarse profesionales sin incumbencia ni idoneidad para el ejercicio de la psicología. Por ejemplo, la Cámara Nacional de Apelaciones del Trabajo, a través del artículo 17 de su reglamento, desestima tácitamente la intervención del psicólogo al promover la intervención de profanos en materia de psicodiagnóstico. El Estado Nacional, como así también varias compañías aseguradoras y numerosos casuídicos particulares, por lo general, requieren que el médico psiquiatra o que el médico legista usurpe el rol profesional del psicólogo indicando o administrando tests psicológicos. Ese tipo de maniobras es bastante común en distintos fueros en distintas jurisdicciones. Como podrá advertirse, ese tipo de decisiones es funcional al fraude.

   La Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires creó de facto un organismo carente de toda habilitación del Ministerio de Salud de la Nación, el Gabinete Pericial, con la misión de boicotear los legítimos intereses profesionales del perito psicólogo de oficio a favor de los ilegítimos intereses del médico legista.

   El hospital público es otro paradigma de desvío de recursos humanos hacia la satisfacción de las necesidades de fraude pericial del médico psiquiátrica y del médico legista. Cabe destacar que los profesionales del hospital público no se especializan en psicología forense, sino en psicología clínica, lo que significa que los informes periciales que se expiden en el hospital público no necesariamente están exentos de errores, en especial, en los casos en los que el daño psíquico no es muy cuantioso y, por ende, indetectable para el profesional poco avezado en peritajes.

   La omisión de la designación del perito psicólogo de parte siempre deja las puertas abiertas para la implementación de todo tipo de embustería psiquiátrica; y la relegación del perito psicólogo de oficio posibilita la mercantilización de la pericia psicológica. En síntesis, el desmedro del interés profesional del psicólogo y la usurpación de su incumbencia por parte del médico en el campo forense es uso y costumbre en la República Argentina, ya que tal relegación resulta funcional al fraude pericial.

 

 

Psicodiagnóstico versus evaluación clínica:

 

   Un sucinto ejemplo relativo a una época en la que aún no existía el psicodiagnóstico (año 1914) ilustra la ineficacia de la evaluación clínica, aun cuando la practicara una gran autoridad. Sigmund Freud cometió un grosero error de diagnóstico en el caso del Hombre de los Lobos, pues su paciente no era neurótico como había referido según la evaluación clínica (HISTORIA DE UNA NEUROSIS INFANTIL, Obras Completas, Tomo II, Biblioteca Nueva, Madrid, año 1981), sino psicótico. Desde el punto de vista del psicodiagnóstico, puede decirse que el dibujo del árbol realizado por dicho paciente durante el tratamiento psicoanalítico (Obra citada, pág. 1954) indica claramente la falta de integración de su personalidad. Por otra parte, el fenómeno especial de anulación de la conciencia de interpretación respecto de la estampa del lobo acaecido durante la infancia (Ibídem, pág. 1946) es índice de déficit del juicio, facultad mental que en las neurosis, contrariamente a lo que ocurre en las psicosis, se halla conservada. Años más tarde, durante el tratamiento psicoanalítico con Ruth Mack Brunswick, el brote psicótico resultó manifiesto (HISTORIA DE UNA NEUROSIS INFANTIL (CONTINUACION), Revista de Psicoanálisis, Volumen V, Número 3, Asociación Psicoanalítica Argentina, Buenos Aires, año 1948). El ejemplo presentado ilustra la ineficacia del diagnóstico clínico en contraste con la precisión del psicodiagnóstico. Vale decir, el psicodiagnóstico detecta la estructura psicótica de personalidad sin necesidad de la manifestación clínica del brote. De la ineficacia del método clínico de evaluación se colige que el psiquiatra forense y que el médico legista psiquiátrico, si no usurpan el rol del psicólogo, nunca pueden expedirse disertamente, excepto por casualidad.

 

 

La invalidez científica del método clínico de evaluación de la psiquiatría forense:

 

La evaluación de cualquier peritado con arreglo al método de la Psicología comprende: 1) la observación de la conducta; 2) la valoración de la introspección (ya sea ésta espontánea, ya sea la que se registra a través de cuestionarios y de inventarios); 3) la medición del rendimiento; 4) el examen de la proyección. La experiencia profesional nos enseña que el peritado puede simular o representar la conducta y que puede reemplazar la introspección por un libreto. Sin embargo, es imposible que pueda asumir rendimientos mayores a cada capacidad, proyectar lo que no existe en su personalidad o dejar de proyectar la misma. No es lícito objetar que se pueden simular, de modo inadvertido para el psicólogo especialista en evaluación y diagnóstico, rendimientos menores para cada capacidad o rasgos de personalidad inexistentes, ya que a los fines del diagnóstico lo que se considera es la interrelación de puntajes y el puntaje de control, lo cual no puede ser diagramado por el examinado. Además, lo que el peritado falsea u omite en su comunicación durante la entrevista lo proyecta a través de los tests psicológicos. Vale decir, la instrumentación del examen psicológico detecta las simulaciones y las omisiones del examinado. Ahora bien, la evaluación psiquiátrica sólo comprende la observación de la conducta y la escucha de la introspección. Vale decir, el examen psiquiátrico se atiene únicamente a lo que puede ser representado u omitido por el peritado. Por lo tanto, el examen psiquiátrico adolece de la objetivación de sus resultados. La objetividad del diagnóstico sólo es posible mediante la intervención profesional del perito psicólogo a través de la indicación y de la administración del psicodiagnóstico, pues éste comprende, además de la observación de la conducta y del registro de la instrospección, la medición del rendimiento que se materializa a través de las técnicas psicométricas y el examen de la proyección que se materializa a través de las técnicas proyectivas.

El caso del Tirador del Belgrano muestra que si durante la evaluación psiquiátrica el examinado no delira, no alucina, no presenta abulia ni desorganización de la conducta, la psiquiatría forense no está ni aun en condiciones de diagnosticar una psicosis. El psicoanalista Jamil Abuchaem en su libro EL PROCESO DIAGNOSTICO Tomo 1, Ediciones Kargieman, Buenos Aires, año 1979, págs. 33-41 presenta algunos ejemplos de errores de diagnóstico de graves consecuencias debido al empleo del juicio clínico como método. Por ende, cobra pleno sentido lo manifestado por Gordon W. Allport en su obra PSICOLOGIA DE LA PERSONALIDAD, Editorial Paidós, Buenos Aires, año 1961, pág. 402, respecto a que la entrevista psiquiátrica es un “método informal”.

La desorientación de la psiquiatría en materia de diagnóstico es un problema irresoluble, ya que en esa disciplina el diagnóstico es relativo al punto de vista subjetivo del psiquiatra. Henry Ey en su libro EN DEFENSA DE LA PSIQUIATRIA, Editorial Huemul, Buenos Aires, año 1979, pág. 105, reconoció dicho problema de la psiquiatría al tiempo que trató de disimularlo: “Sin duda (...) las dificultades y las divergencias de diagnóstico han desacreditado la nosografía. (...) Si [los cuadros nosográficos] no son reconocidos igualmente por todos los clínicos es porque su fisonomía propia y que puede llamarse clásica es objeto con más frecuencia de una negación sistemática que de una falta de percepción clínica.” Como consecuencia de ello surge que a un mismo enfermo mental distintos psiquiatras pueden diagnosticarle distintas entidades nosográficas, puesto que un mismo cuadro no es reconocido del mismo modo por los distintos psiquiatras. Como no podía haber sido de otra manera, Henry Ey no logró argumentar absolutamente nada con respecto al valor metodológico de esa mentada percepción psiquiátrica clínica, ya que la misma inexorablemente resulta conformada por la subjetividad del psiquiatra. En efecto, la psiquiatría es una disciplina inválida a los efectos de la objetivación científica del diagnóstico, ya que su método no se basa en la medición ni en el examen de la proyección, sino en la subjetividad del psiquiatra. Por ejemplo, el psiquiatra John Morris Dorsey en su artículo EL EXAMEN PSIQUIATRICO, publicado en la compilación El Examen de la Inteligencia y de la Personalidad del Niño, Editorial Paidós, Buenos Aires, año 1966, pág. 59, ha reconocido que: “Dado que toda observación es autoobservación, la exactitud del examen psiquiátrico depende de la capacidad del psiquiatra para aquella. En consecuencia, comprenderá y dirigirá a su paciente en la medida en que se comprenda y dirija a sí mismo.” Ello significa una radical imposibilidad del método psiquiátrico para objetivar de manera científicamente válida, rigurosa y confiable los resultados, ya que tal metodología no va más allá de la subjetividad del psiquiatra en quien, por tal motivo, resultan en gran parte indiscernibles el instrumento y el instrumentador. Alfonso Alvarez Villar “ha señalado con bastante frecuencia los errores a que se expone todo psiquiatra que se fíe exclusivamente de su “ojo clínico”” (PSICODIGNOSTICO CLINICO: LAS TECNICAS DE LA EXPLORACION PSICOLOGICA, Editorial Aguilar, Madrid, año 1963, pág. 5). Por otro lado, Emilio Mira y López en su MANUAL DE PSICOLOGIA JURIDICA, Editorial El Ateneo, Buenos Aires, año 1950, págs. 201-212, dedicó un capítulo a las técnicas utilizables para el control de la sinceridad de los declarantes. Por ejemplo, propuso como metodología el Test de Asociaciones de Palabras de Jung. Por consiguiente, de acuerdo a Emilio Mira y López, la forma científica de determinar si un relato es verosímil no depende de la entrevista, sino de tests psicológicos como el referido. Hans Zulliger en su libro CURAR, NO CASTIGAR, Ediciones Sígueme, Salamanca, año 1975, pág. 133, también propuso el uso y demostró la eficiencia de los tests psicológicos en la práctica pericial: “el test proporciona muy a menudo importantes indicaciones y referencias. (...) Esta opinión está suficientemente basada en la experiencia práctica.” Inclusive, un defensor del método clínico como Daniel Lagache ponderó la necesidad de los tests psicológicos en la evaluación pericial: “Tampoco se omitirán los tests (...) desde los tests estándar hasta los tests de personalidad” (PSICOCRIMINOGENESIS, Obras IV, Editorial Paidós, Buenos Aires, año 1982, págs. 11-12). El psiquiatra André Rey en su libro EL EXAMEN CLINICO EN PSICOLOGIA, Editorial Kapelusz, Buenos Aires, año 1962, pág. 14, admitió: “Frecuentemente hemos comprobado divergencias entre la impresión superficial (...) y los resultados de tests sutiles (...) por tanto, debe empezarse por los recursos de los tests”. Asimismo, puede citarse la opinión de Kenneth R. Hammond formulada en su artículo EL FUNCIONAMIENTO PROBABILISTICO Y EL METODO CLINICO, publicado en la compilación de Edwin I. Megargee, Métrica de la Personalidad, Volumen I, Editorial Trillas, México, año 1971, pág. 52: “Probablemente sea verdad que la mayor parte de los profesionales no clínicos creen (con considerable justificación) que el método clínico no está muy de acuerdo con el criterio científico. (...) Es difícil que las críticas se pongan de acuerdo y el esfuerzo para eliminarlas se ha centrado en el desarrollo de los tests clínicos.” Esto significa que la entrevista clínica por sí sola no es un método científicamente validado, razón por la cual resulta imprescindible la aplicación de tests psicológicos –cuya competencia (indicación y aplicación) corresponde únicamente al psicólogo por atribuciones académica, profesional y legal. Se considera correcto en el campo de la evaluación psicológica “no utilizar la entrevista como la única fuente de recogida de información y de evaluación” (José Antonio García Marcos, LA ENTREVISTA –Psicodiagnóstico Tomo 1 de Rocío Fernández Ballesteros, UNED, Madrid, año 1983, pág. 384).

 

 

El fracaso de la evaluación psiquiátrica forense:

 

      La invalidez del método de evaluación de la psiquiatría no tiene solución posible, ya que, en general, los trastornos mentales carecen de substrato orgánico, pues se configuran conforme demostraron, entre otros, Anna Freud y Dorothy Burlingham (NIÑOS SIN HOGAR, Ediciones Imán, Buenos Aires, año 1946), René Spitz (EL PRIMER AÑO DE VIDA DEL NIÑO, Editorial Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, año 1985), Margaret A. Ribble (DERECHOS DEL NIÑO, Editorial Nova, Buenos Aires, año 1979) y John Bowlby (LOS CUIDADOS MATERNOS Y LA SALUD MENTAL, Editorial Hvmanitas, Buenos Aires, año 1982), a partir del nacimiento y durante el desarrollo, a raíz de relaciones objetales disfuncionales. Ni la salud mental es un producto exclusivo de la maduración (Margaret S. Mahler, EL NACIMIENTO PSICOLOGICO DEL INFANTE HUMANO, Ediciones Marymar, Buenos Aires, año 1979), ni la estructura mental psicopatológica es el resultado de una degeneración orgánica, sino que son constituciones mentales determinadas esencialmente a partir de la calidad, de la cuantidad y de la oportunidad de las relaciones de objeto parentales-filiales. Por consiguiente, el escrutinio de la mente es imposible mediante los métodos de la medicina, ya que los mismos sólo examinan el organismo. Que la psiquiatría carezca de metodología objetiva de diagnóstico significa que carece de metodología adecuada para detectar simulación. Unicamente por medio de las técnicas psicológicas es posible efectuar el diagnóstico de modo objetivo como así también la evaluación de los rasgos de personalidad, de la inteligencia y de los recursos mentales relativos al pronóstico, y detectar toda simulación, ya sea de síntomas, ya sea de indicadores.

 

 

Ineficacia del método psiquiátrico para predecir conductas suicidas:

 

   Un clarísimo ejemplo de la desorientación de la psiquiatría lo constituye la ideación de contenido suicida. Desde la psicología, mediante el método de los tests proyectivos, la conducta suicida del examinado resulta predictible y, por lo tanto, el psicólogo se anticipa a la misma indicando el tratamiento psicoterapéutico pertinente. En cambio, el médico psiquiatra suele enterarse de la ideación suicida una vez consumado el suicidio o su tentativa. “Algunos psiquiatras informaron que del setenta al setenta y cinco por ciento de sus pacientes que se suicidaron habían dado un aviso a alguien, aunque raramente a sus médicos” (Erwin Stengel, PSICOLOGIA DEL SUICIDIO Y LOS INTENTOS SUICIDAS, Ediciones Hormé, Buenos Aires, año 1965, pág. 48).

 

 

Incapacidad de la psiquiatría forense para el diagnóstico de psicosis:

 

   La Princesa Marie Bonaparte (EL CASO DE MADAME LEFEB[V]RE, Revista de Psicoanálisis, Asociación Psicoanalítica Argentina, Volumen 5, Número 1, Buenos Aires, año 1947, págs. 108-152) hacia el año 1927 ya había evidenciado la ineficacia de la evaluación psiquiátrica forense. Los expertos psiquiatras del tribunal francés habían dictaminado que Madame Lefebvre no padecía alienación alguna. Sin embargo, Marie Bonaparte demostró que Madame Lefebvre era delirante. Fundó sus conclusiones en interpretaciones psicoanalíticas sobre datos contenidos en diversas fuentes, además de los aportados en la entrevista, como ser, tres cuadernos de Madame Lefebvre, testimonios, juegos de la infancia, identificaciones infantiles con personajes literarios, informes periodísticos sobre el caso, modalidad del hecho (simbolismo del automóvil, del viaje, del arma usada y equivalentes de la misma), etc.. Vale decir, el estudio realizado por Marie Bonaparte trascendió ampliamente el examen clínico. Todo ello le permitió efectuar la reconstrucción del delirio que le había pasado inadvertido a los psiquiatras forenses. La falla en el diagnóstico de psicosis es consubstancial a la psiquiatría forense. El caso del Tirador de Belgrano constituye un claro ejemplo de ello, pues habiendo transcurrido nueve décadas desde el caso de Madame Lefebvre (“el informe de los expertos del tribunal había determinado la plena y entera responsabilidad (...) descartaban la locura y explicaban el crimen (...) por su carácter un poco particular”), la psiquiatría forense sigue tan impotente como en aquella época, ya que el perito psiquiatra del Cuerpo Médico Forense expidió un dictamen en el que omitió el diagnóstico de esquizofrenia, con lo cual el poder judicial sometió a juicio oral y público a un alienado. Si no se manifiesta el brote psicótico, el método clínico de la psiquiatría es insuficiente a los efectos del correcto diagnóstico.

 

 

La falencia de la psiquiatría forense para el diagnóstico de simulación:

 

La psiquiatría tiene como único método de diagnóstico el juicio clínico (cfr. GUIA DE CONSULTA DE LOS CRITERIOS DIAGNOSTICOS DEL DSM-5, Editorial Médica Panamericana, Madrid, año 2014, pág. 7). Y el juicio clínico, como se señaló, es la mayor fuente de los errores de diagnóstico. Si la psiquiatría carece de método objetivo de diagnóstico, se deduce que también carece de eficacia para el diagnóstico de simulación. De hecho, los psiquiatras del Cuerpo Médico Forense Antonio H. Bruno y Javier Cabello en el artículo SIMULACION EN PSIQUIATRIA FORENSE, publicado en Cuadernos de Medicina Forense, Año 1, Nº 2, año 2002, intentaron definir el concepto de simulación, pero lo hicieron bajo la grave confusión intelectual de asignar identidad semántica a los conceptos psicológicamente opuestos de representación y de expresión (Representación plástica: consiste en hacer presente por medio de la expresión psicomotriz el evento mórbido que se utiliza para el engaño”). Ahora bien, la expresión y el gobierno consciente de la conducta son incompatibles (cfr. Richard Meili, MANUAL DE DIAGNOSTICO PSICOLOGICO, Ediciones Morata, Madrid, año 1953, pág. 30). Luego, si hay expresión, no hay representación. Y si no hay representación, no hay simulación. Por lo tanto, si hay expresión, no hay simulación. No obstante la suma de errores que cometieron en dicho artículo, los psiquiatras del Cuerpo Médico Forense terminaron por confesar explícitamente la falencia de la psiquiatría para el diagnóstico de simulación:

 

 Para un acertado diagnóstico de simulación (...) el perito debe contar con amplios conocimientos de la especialidad y honestidad personal y profesional suficientes para admitir las dudas y solicitar la intervención de otras disciplinas

 

Es decir, la psiquiatría forense es ineficaz para el diagnóstico de simulación, lo que significa que todo dictamen pericial psiquiátrico se halla necesariamente en tela de juicio (3). Como vemos, la psiquiatría forense argentina se encuentra aun por debajo del estándar intelectual de la mitología, donde se conocía y se detectaba la simulación (cfr. Sófocles, ODISEO LOCO, Fragmentos, Editorial Gredos, Madrid, año 1983, pág. 236).

 

   Un caso paradigmático de error psiquiátrico forense por aplicación del método de evaluación clínica fue el de la evaluación psiquiátrica practicada al otrora dictador en Chile, Augusto Pinochet, quien habiendo estado detenido en Inglaterra para ser extraditado a los efectos de ser sometido a juicio penal en el Reino de España logró eludir su responsabilidad por medio de la simulación de síntomas de demencia, ya que nunca padeció deterioro cognoscitivo más allá del deterioro etario. La evaluación psiquiátrica clínica del ya difunto militar chileno había sido efectuada por tres psiquiatras, los doctores John G. Evans, Michel J. Denham, y Andrew J. Lees. Vale decir, tres expertos en psiquiatría que practicaron, bajo idénticas condiciones temporales y ambientales, la evaluación del mismo examinado mediante la aplicación del método psiquiátrico, arribaron a la falsa conclusión diagnóstica de deterioro cognoscitivo. Por lo tanto, el error de diagnóstico fue la consecuencia lógica de la aplicación de un método inválido de evaluación, ya que el método psiquiátrico carece de rigurosidad científica a los efectos de la objetividad del diagnóstico.  

Muchísimos son los casos signados por el error o por el fraude pericial psiquiátrico. El Cuerpo Médico Forense viene expidiendo informes ambiguos e incompletos, según manifestó un profesor, poseedor de información de primera mano, durante una conferencia, con el efecto de desinformación acerca del deterioro cognoscitivo que padecen muchos ex militares sometidos a juicio penal por crímenes de lesa humanidad. “Algunos están gagá” –dijo el profesor, al tiempo que refirió que pueden recordar el pasado remoto pero no las situaciones del presente o recientes, como ser las inherentes al juicio penal. También fue sorprendente que el funcionario judicial haya respondido, ante mi interpelación, que no designan peritos psicólogos de oficio para subsanar el error o el fraude del Cuerpo Médico Forense, pues manifestó que él y sus colegas entienden que el peritaje válido sólo es aquel que dictamina el Cuerpo Médico Forense. Ahora bien, el reglamento del Cuerpo Médico Forense (Acordada 47/2009 de la CSJN) no distingue entre profesión y especialidad, razón por la cual la división de la Psicología en sus distintas especialidades no existe en dicho organismo, por lo cual su staff no cuenta con profesionales que tengan título universitario de Especialista en Evaluación y Diagnóstico Psicológico. Por ello, siempre resultará pertinente la designación de peritos psicólogos de oficio, quienes al contar con la referida especialización se hallan por encima del estándar académico que pueda haber en el Cuerpo Médico Forense. Aquellos erróneos o fraudulentos informes periciales del Cuerpo Médico Forense se pueden subsanar mediante el diagnóstico psicológico del deterioro patológico de la inteligencia que efectúa el psicólogo especialista en evaluación psicométrica.

La invalidez del método psiquiátrico de evaluación implica que la psiquiatría forense ni aun puede objetivar ningún caso de fabulación, ya que, a diferencia de la psicología, no cuenta con instrumentos científicos para ello.

 

 

Ausencia de criterios científicos de la psiquiatría forense para el diagnóstico de deterioro cognitivo causado por traumatismo de cráneo:

 

En una oportunidad en la que intervine como perito psicólogo de parte, la mala fe del Cuerpo Médico Forense  fue tan evidente que el juez no sólo anuló la pericia oficial, sino que también dispuso que la nueva evaluación se practique en la sede del juzgado. La opinión fraudulenta del Cuerpo Médico Forense también se verifica en un caso de cierta similitud con aquellos casos de los ex militares, cual paso a resumir. Una persona denunció que en un accidente impactó fuertemente su cabeza contra un poste. De la evaluación psicológica surgió que presentaba un significativo deterioro patológico de la inteligencia. El tipo de dispersión de puntajes obtenidos en el test de Wechsler indicó el nexo causal de dicho deterioro con el padecimiento de un traumatismo craneoencefálico. Por lo tanto, los métodos de la Psicología científica demostraron, a través del fundamento estadístico, la relación de causalidad entre las secuelas psíquicas padecidas y un traumatismo de cráneo como el denunciado por el examinado. Sin embargo, el Cuerpo Médico Forense informó que al no haber en el expediente antecedentes de consultas médicas posteriores al hecho, no se podía establecer la relación de causalidad entre las secuelas cognitivas y el accidente. Esto significa que para el Cuerpo Médico Forense la relación de causalidad, en lugar de establecerse en base a criterios científicos, depende de factores culturales (si el paciente tiene por costumbre consultar al médico), o bien de factores económicos (si tiene dinero para contratar al médico), o bien de disponibilidad temporal (si cuenta con tiempo para hacer la consulta), o bien de factores administrativos (si habiendo hecho la consulta, su constancia se conservara en el expediente).

 

 

Insuficiencia del método de la psiquiatría forense para la cuantificación de deterioro cognitivo patológico:

 

   Como fuera señalado mediante un ejemplo de intervención de la psiquiatría forense inglesa, el método de evaluación de la psiquiatría forense no detecta la simulación de deterioro cognitivo. Tampoco llega a ser efectiva en el diagnóstico del mismo, según la referencia sobre las fallas del Cuerpo Médico Forense en el diagnóstico de deterioro cognitivo patológico de algunos ex militares sometidos a juicio penal, y en el diagnóstico del deterioro de la inteligencia reactiva al traumatismo de cráneo. Además, el método clínico de la psiquiatría también es inútil a los efectos de la cuantificación del deterioro cognitivo patológico. Aun en los casos de organicidad son los métodos de la psicología los que permiten el conocimiento preciso de la magnitud y de la cualidad del deterioro cognitivo. Mientras que las técnicas psicométricas de evaluación de la inteligencia permiten la determinación exacta (dentro del margen de error estadístico) de las áreas deterioradas y de la magnitud del deterioro de las mismas, el método clínico psiquiátrico apela a la intuición. En los casos de peritados que presentan deterioro patológico de las funciones ejecutivas en expedientes del fuero civil y del fuero laboral en los que es designado el psiquiatra forense o el médico legista, éste o bien elude pronunciarse sobre la cuestión dejando al peritado sin la posibilidad de acceder a la indemnización  correspondiente, o bien apela al fraude de la usurpación de la incumbencia del psicólogo.

 

 

Variantes de fraude científico de la psiquiatría forense y de la medicina legal psiquiátrica:

 

Cuando se pretende imitar al psicólogo, por lo general, no hay inhibiciones que detengan las comunicaciones imprudentes, pues sólo interesa la apariencia de algún conocimiento psicológico. El libro EL DAÑO PSIQUICO, Ediciones Jurídicas de Cuyo, Mendoza, año 1997, del médico legista José Enrique Marianetti, tiene un capítulo sobre los tests psicológicos en el que queda transparentado el radical desconocimiento sobre el tópico. Entre muchos otros desatinos, la pág. 242 comunica que el test de Karen Machover “representa una adaptación al adulto del Goodenough” y que el test de Karl Koch se usa para detectar retraso mental; la pág. 243 dice que el test de Apercepción Temática “consta de 30 láminas (...) pueden ser agrupadas en cuatro series”; la pág. 247 refiere que el test de Rorschach es “difícilmente aplicable al estudio del inconsciente” al tiempo que califica a tal test de proyectivo, lo que significa que desde la medicina legal psiquiátrica ni aun se sabe que la proyección es un mecanismo inconsciente, que el test de Apercepción Temática consta de 31 láminas y que se administra en dos series de 10 láminas escogidas según el sexo y la edad o en una serie única de 16 láminas según la escuela francesa, ni que el test de Machover evalúa la personalidad mientras que el test de Goodenough evalúa la inteligencia del niño, y que el test de Karl Koch (del árbol) no se usa para la medición de la inteligencia. Como vemos, se verifica la observación de Hans J. Eysenck, pues hay un tipo de profanos que suele ser convocado a los expedientes judiciales en distintas jurisdicciones de la República Argentina para opinar sobre temas de dominios científico y profesional propios y exclusivos del psicólogo. El médico legista y el médico psiquiatra, además de carecer de atribuciones legales para intervenir profesionalmente en materia de psicodiagnóstico, son profundamente ignorantes al respecto.

La embustería psiquiátrica relativa a los peritajes también se despliega de otros modos. El Cuerpo Médico Forense promueve el engaño presentando la ideología como si fuera un teorema científico, ya que en la revista institucional de dicho organismo, o sea, en un dominio web del Estado Nacional, tiene publicado un artículo favorable a un sector en base a la minimización ideológica, oculta bajo la apariencia de fundamento científico, de la magnitud de las secuelas anímicas que pueden sufrir las víctimas de siniestros (Daño psIquico. DelimitaciOn y diagnOstico. Fundamento teOrico y clInico del dictamen pericial). El título no coincide con el contenido, ya que el artículo es explícito al comunicar su determinación ideológica: “La propuesta de limitar las secuelas incapacitantes”. Obviamente, la ideología no es un objeto de conocimiento científico, razón por la cual es siempre y necesariamente indemostrable. El artículo del psiquiatra Ernesto Ricardo Risso dice que “No todo trastorno psíquico es daño psíquico”. Si bien tal enunciación inaugura el texto, dicha afirmación constituye una conclusión, para cuya pretendida demostración el artículo ofrece un lazo argumental. Ahora bien, el paso argumental del artículo del Dr. Risso consistió en la manifestación de la proposición sobre que el sufrimiento normal no es daño psíquico (““sufrimiento normal” (...) aquellos trastornos emocionales que han sido transitorios y han cursado sin dejar secuelas incapacitantes”). Como se advierte, de dicha premisa no es deducible la referida conclusión. La misma sólo es deducible en virtud del paso lógico intermedio en el que se establezca la verdad de la premisa “El trastorno psíquico es sufrimiento normal” y con la condición semántica de contenido existencial que valide la inferencia inmediata de la premisa universal a la conclusión particular:

 

Todo sufrimiento normal no es daño psíquico

Premisa del artículo del Dr. Risso

Todo trastorno psíquico es sufrimiento normal

Premisa formalmente necesaria, pero silenciada en el artículo del Dr. Risso

Todo trastorno psíquico no es daño psíquico

Conclusión del silogismo

Algún trastorno psíquico no es daño psíquico

(“No todo trastorno psíquico es daño psíquico”)

Conclusión a la que arriba el artículo del psiquiatra Risso

(para que la inferencia inmediata sea válida requiere de contenido existencial)

 

Desde el punto de vista de la forma, el razonamiento sería correcto si todas las premisas fueran verdaderas y si se verificara la condición de contenido existencial. Pero la segunda premisa, no en vano silenciada en el artículo del Dr. Risso, es falsa. En efecto, la Organización Mundial de la Salud no define ningún trastorno psíquico en términos de sufrimiento normal, vale decir, el sufrimiento normal no comprende a los trastornos psíquicos. Si hay trastorno psíquico, el sufrimiento no es normal, sino patológico. Por lo tanto, el argumento propalado por el Cuerpo Médico Forense es un sofisma. Y peor aún, a la caracterización sobre el pretendido sufrimiento normal como trastorno transitorio (trastornos emocionales que han sido transitorios), el artículo del Dr. Risso también le añade simultáneamente la caracterización de permanente. Vale decir, el mismo término es definido en el mismo lugar supuestamente por un mismo psiquiatra bajo las propiedades contradictorias de transitoriedad y de permanencia, pues, en el artículo del Dr. Risso también se refiere como sufrimiento normal “temores prolongados a la invalidez”. No resulta sensato tomar como marco de referencia un artículo por el hecho de haber sido redactado desde la perspectiva psiquiátrica y porque su fuente de propalación haya sido el Cuerpo Médico Forense, pues en Occidente no se aceptan la falacia ni la contradicción como argumentos científicos. La GUIA DE CONSULTA DE LOS CRITERIOS DIAGNOSTICOS DEL DSM-5, Editorial Médica Panamericana, Madrid, año 2014, pág. 5, echa por tierra esa perorata del sufrimiento normal, pues si el sufrimiento o dolor mental se halla asociado a algún síntoma, resulta menester la indicación de tratamiento.

También hay libros que se valen de la crítica falaz con la pretensión de sustentarle, por defecto, algún valor a la pericia psiquiatrica. Una falacia presente en el libro del psiquiatra Mariano Castex se halla propalada por la pág. 144, donde se refiere que el psicodiagnóstico no distingue la reacción neurótica de otra sintomatología reactiva al traumatismo de cráneo. Contrariamente a ello, debe destacarse que las manifestaciones de ansiedad se evalúan correctamente mediante distintos tests proyectivos e inclusive mediante inventarios, mientras que el trastorno del carácter secundario al traumatismo de cráneo se evalúa correctamente por medio del test de Rorschach, al tiempo que el deterioro patológico de la inteligencia y el deterioro de las funciones ejecutivas reactivos al mismo se determinan en función de la dispersión de puntajes en la escala de Wechsler, lo que a su vez evalúa la primarización del sujeto por pérdida de recursos intelectivos.

La apelación al invento es otra variante de distorsión pericial que emplea la psiquiatría forense argentina. Un ejemplo de apelación al invento lo constituye la lucubración psiquiátrica en la cual algunas compañías de seguro basan las impugnaciones de las indicaciones de tratamientos psicoterapéuticos inherentes a las secuelas anímicas que padecen las víctimas de siniestros. Desde la psiquiatra forense falazmente se dice que la psicoterapia breve debe indicarse cuando se producen secuelas anímicas derivadas de accidentes. Sin embargo, la psicoterapia breve no tiene por objeto la curación de trastornos mentales, pues se aboca a un foco, teniendo objetivos limitados. De acuerdo a Hernán Kesselman en su libro PSICOTERAPIA BREVE, Editorial Fundamentos, Madrid, año 1977, pág. 81, la psicoterapia breve se indica “en situación de crisis que exigen resoluciones más o menos inmediatas: viajes urgentes, intervenciones quirúrgicas, posibilidad de matrimonio, de divorcio, momentos de desempleo, climaterio, (...) personas con resistencia a cualquier tipo de tratamiento prolongado, (...) ciertos pacientes borderline, momentos psicóticos que exigen terapias combinadas con psicofármacos, internación, trabajo en equipos, (...) pacientes adictos a tratamientos prolongados.” Por lo tanto, la psicoterapia breve no se indica con relación a trastornos mentales reactivos a traumas psicológicos o reactivos a pérdidas objetales traumáticas, ni al deterioro de algunas facultades mentales reactivas a traumatismos craneales, ni a trastornos mentales derivados del deterioro de la imagen corporal ocasionado por lesiones físicas que constituyan estresores permanentes. En verdad, la psicoterapia focalizada breve no solamente no produce una curación más que aparente, sino que también puede ocasionar consecuencias funestas en el paciente. Como contraejemplo del sofisma psiquiátrico muy celebrado por algunas compañías de seguro, paso a citar un caso de una psicoterapia focalizada, el cual fue comunicado por Wilhelm Stekel en su libro LA MUJER FRIGIDA, Editorial Imán, Buenos Aires, año 1941, pág. 82: “El psiquiatra y psicólogo suizo [Théodore] Flournoy fue consultado por un joven que le pidió le librase de una obsesión que le hacía insoportable la vida. Veía siempre delante de él un abismo en el cual era obligado a arrojarse muy a su pesar. Tenía miedo a morir de ese modo. Esa idea le perseguía día y noche y le obsesionaba en sus sueños, durante los cuales esa caída se reproducía siempre; en ese estado de espíritu el trabajo le era difícil. En todas las circunstancias de su vida era perseguido por esa imagen: el abismo en que se precipitaba. En vano Flournoy trató de calmarlo por razonamientos: nadie se puede caer sin subir a la cima. Al fin, habiendo fracasado varios ensayos de curación, pidió al enfermo la promesa de no subir nunca a una montaña alta; el enfermo pareció calmado. Al menos Flournoy no volvió a oír hablar más de él. Pero algunos años más tarde tuvo noticias por los periódicos de la caída de un hombre, cuya edad correspondía a la del enfermo, que se había dormido al borde de un abismo y precipitado en él. Era el enfermo que le consultara varios años atrás. Flournoy supo que ese hombre parecía haber olvidado completamente sus obsesiones, y se creía tan seguro que volvió a escalar las más altas montañas.” Como se advierte, la obsesión había preservado la vida del paciente. Cuando la psicoterapia focalizada suprimió el síntoma, si bien produjo un alivio del malestar anímico, dejó inerme al paciente frente a su tendencia al suicidio. Por lo tanto, la psicoterapia focalizada no sólo no cura los trastornos mentales, sino que inclusive puede ser nociva para la salud mental, lo que implica su contraindicación con respecto a cualquier reacción vivencial anormal neurótica. El disparate de la indicación de psicoterapia breve focalizada para casos de traumas psicológicos también lo leí de un libro de un tal Hernán Daray. Más allá del contraejemplo tomado del libro de Wilhelm Sekel, el fundamento científico que rebate esas disparatadas opiniones se puede tomar de René A. Spitz, formulado en su artículo PROFILAXIS VERSUS TRATAMIENTO EN LAS NEUROSIS TRAUMATICAS, Revista de Psicoanálisis, Asociación Psicoanalítica Argentina, Tomo IV, Número 1, Buenos Aires, año 1946, págs. 38-39 y 42: “son severamente juzgables tanto las agresiones y la conducta irritable que podrían servir para descargar emociones reprimidas, como las repeticiones de la reacción al trauma inicial, que podrían capacitar a la personalidad para desarrollar algún dominio de la situación inicial y, a través de ese mecanismo, suministrar un apoyo al yo. Esas situaciones son para el paciente un asunto molesto y vergonzoso, para la familia algo que debe esconderse y para el médico, lejos de ser un camino de reestablecimiento que debe ser estimulado y utilizado, son síntomas que deberían suprimirse. (...) Aliviando los síntomas sólo conseguiremos llegar a la situación neurótica traumática original.” Por lo tanto, la psicoterapia breve focalizada no puede indicarse en casos de neurosis traumáticas, pues la supresión del síntoma implica el agravamiento del cuadro.

 Es muy habitual que algunas compañías de seguro dirigiéndose a magistrados influenciables basen sus argumentos en falacias psiquiátricas, verbigracia, cuando alegan que si el peritado necesita de tratamiento psicológico, entonces la secuela anímica reactiva al siniestro que padece no se halla consolidada. La falacia psiquiátrica se advierte con mayor nitidez cuando se le aplica la ley lógica de contraposición, con lo cual se obtiene como argumento equivalente que si el daño psíquico está consolidado, entonces el peritado no necesita tratamiento psicológico. Tal forma sintáctica revela la crueldad contenida en la referida embustería pericial psiquiátrica, ya que no se puede privar al paciente de un tratamiento psicológico cuyo objeto sea la evitación del agravamiento del cuadro. Esto significa que significa que, contrariamente a la posición de la embustería psiquiátrica, el malestar psíquico consolidado y el tratamiento psicológico no son mutuamente excluyentes.

 

Muchos son los ámbitos de la psiquiatría forense argentina desde los cuales se lucubran subterfugios que implican la violación de la Ley de Ejercicio Profesional de la Psicología con la finalidad de soslayar su endeble situación científica relativa a la objetividad del diagnóstico. Por lo general, los libros de psiquiatría forense no son más que guaridas desde las que se promociona dicho fraude.

  

 

La usurpación de la atribución del juez que perpetran médicos psiquiatras y legistas:  

 

   El libro VALORACION MEDICO LEGAL DEL DAÑO PSIQUICO, Ediciones Tiempo Sur, Quilmes, año 2006, del psiquiatra forense Daniel Alejandro Navarro, no solo fomenta, como todas las guaridas de ese género, el ejercicio de la incumbencia del psicólogo por parte del médico, sino que también confiesa la usurpación que hace el perito médico de la atribución del juez. En efecto, en la pág. 45 se halla la siguiente redacción: “correspondería entonces solicitar [por parte del perito médico] su realización [del psicodiagnóstico] en un Hospital Público, aunque ante las dificultades para acceder al mismo (...) en la práctica suele requerirse la administración del mismo a un psicólogo capacitado designado por el perito médico”. Eso significa que muchos psiquiatras forenses y muchos médicos legistas efectúan, delante de las narices de los jueces, designaciones ilegales de peritos psicólogos, quienes son contratados extrajudicialmente con dinerillos para que firmen informes que, en general, resultan fraudulentos. Dicha fraudulencia presupone otra fraudulencia, a saber, que el psicólogo es auxiliar del médico.

 

 

La usurpación de la incumbencia del psicólogo que perpetra el perito médico:

 

   La insuficiencia del método psiquiátrico de evaluación constituye la razón por la cual el médico psiquiatra y el médico legista usurpan la incumbencia del psicólogo. Ni el médico psiquiatra ni el médico legista tienen atribuciones para indicar ni para aplicar técnicas psicológicas. Solamente puede hacerlo el psicólogo (Ley 23.277, artículos 2 y 4), quien no es auxiliar del médico (Ley 23.277: “De las prohibiciones (...) artículo 10: Deróganse los artículos 9º y 91º de la norma de facto 17.132 y toda otra disposición que se oponga a la presente ley). El psicodiagnóstico es una técnica psicológica, no un estudio complementario de la medicina como pretende la embustería psiquiátrico-legista. Desafortunadamente, en el poder judicial hay jueces que aceptan las artimañas psiquiátrico-legistas como si fueran principios y que asumen erróneamente, sin otros fundamentos que la ignorancia y el autoritarismo, que la psicología es un complemento o una parte de la medicina. Cuando el psicólogo queda relegado a una función secundaria o cuando su rol profesional es usurpado por el médico legista o por el médico psiquiatra indefectiblemente se producen ingentes errores que derivan en el consecuente deterioro de la calidad judicial.

 

 

El fraude de la compra extrajudicial del psicodiagnóstico:

 

      Uno de los mecanismos del fraude pericial psiquiátrico-legista está constituido por la compra del “psicodiagnóstico”, cuya contratación es efectuada por algunos estudios jurídicos. Por supuesto, dichos “exámenes” se practican sin el control del consultor técnico y por quienes no tienen especialización en evaluación y diagnóstico psicológico, especialización que ya había sido admitida por la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil para designaciones de peritos psicólogos desde el año 2008. En general, las producciones obtenidas mediante las compras de psicodiagnósticos, según se puede comprobar, no necesariamente coinciden con las producciones que tienen lugar en las evaluaciones que se practican en condiciones normales, lo que significa que muchas de aquellas están direccionadas hacia el fraude. Como es sabido, este tipo de maniobras es bastante habitual en la Justicia, del mismo modo que lo era en el RENAR antes de que se reglamentara la expedición de los certificados de aptitud.

 

 

Imprescindibilidad del perito psicólogo de parte como factor de resistencia científica contra el fraude psiquiátrico-legista:

 

      La omisión de la designación del perito psicólogo de parte implica la ausencia de toda oposición de argumentos científicos pertinentes con el objeto de contrarrestar los descabellados sofismas que en materia de psicología pueden llegar a insertarse en las causas judiciales. El juicio promovido contra el Padre Julio César Grassi tiene valor emblemático en cuanto a la ilustración de tales irracionales imposiciones. Con el objeto de evitarse las lamentables consecuencias de los falsos e infundados informes oficiales relativos a cuestiones psicológicas y de toda embustería que despliegan los psiquiatras y los médicos legistas que usurpan el rol profesional del psicólogo, resulta imprescindible, en el ámbito de la justicia vernácula, la intervención profesional del perito psicólogo de parte a fin de oponer la debida resistencia científica a la frecuente negligencia como así también al fraude pericial que suele interponerse a través de aquellas vías espurias mediante las que se vulnera la Ley de Ejercicio Profesional de la Psicología.

  

 

El hospital público como medio de fraude pericial:

 

   El hospital público suele usarse para satisfacer las necesidades de fraude del médico legista y del psiquiatra forense que incurren en ejercicio ilegal de la psicología al indicar la administración de técnicas psicológicas. Muchas evaluaciones son efectuadas por profesionales concurrentes, quienes carecen de especialización en psicodiagnóstico. Ello significa que el hospital público no necesariamente es garantía de objetividad. Empero, el hospital público no sólo actúa con negligencia, sino que también lo hace con mala fe. Por ejemplo, el Hospital Psicoasistencial Interdisciplinario José Tiburcio Borda expidió un informe falso e incoherente (Informe 4758) que derivó en la privación a una madre de la relación con su hija, lo cual acarreó la consecuente privación a la niña de los cuidados de su madre. Ello también evidencia la imperiosa necesidad de la intervención del perito psicólogo de parte con la función de oponer la debida resistencia científica contra el fraude del hospital público. En resumen, si desde el hospital público dependiente del Ministerio de Salud del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires se puede perpetrar, a través de un informe pericial, una operación cruel que rompió un vínculo materno-filial, entonces se puede esperar todo tipo de fraude pericial mediante su intervención en expedientes judiciales. El detalle del referido fraude pericial se halla publicado en EL HOSPITAL PUBLICO COMO MEDIO DE FRAUDE PERICIAL.

 

 

El Gabinete Pericial de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires como organismo de facto orientado servilmente a los intereses de la psiquiatría forense y de la medicina legal:

 

   También suele apelarse al Gabinete Pericial, un organismo contrario al ejercicio liberal la profesión, creado de facto, sin intervención del Congreso de la Nación Argentina ni del Poder Ejecutivo Nacional, por ende, sin estatuto reglamentario, destinado a servir a los intereses de la psiquiatría forense y de la medicina legal, lo que va en detrimento del legítimo interés profesional del perito psicólogo de lista. El libro LA EVALUACION DEL MOBBING. COMO PERITAR EL ACOSO PSICOLOGICO EN EL AMBITO FORENSE, Editorial Sb, Buenos Aires, año 2015, cuya autora se presenta como miembro del Gabinete Pericial, y cuyo prólogo fue escrito por quien se presenta como Director del Gabinete Pericial, en la pág. 21 comunica: “Esa neutralidad supone una tácita colaboración en el linchamiento de víctimas inocentes. (...) La victimología moderna nos enseña que es obligatorio elegir siempre entre estas dos perspectivas: la de la víctima o la del victimario. En materia de mobbing, evitar tomar partido supone siempre una estafa.” Huelga decir que tal posicionamiento a favor de una de las partes, contrariamente a la posición neutral que tiene el perito psicólogo de lista, implica una radical falta de imparcialidad. Esa confesión no muestra imparcialidad del Gabinete Pericial.

 

 

Conclusiones:

 

   En el fuero penal, el perito médico psiquiatra oficial practica la evaluación pericial en base al método clínico, el cual es subjetivo a la vez que científicamente inválido. Por consiguiente, las pericias psiquiátricas oficiales carecen de validez científica. Sin perjuicio de ello, algunos jueces argentinos adoptan un modo sui generis de razonamiento en virtud del cual concluyen que dichas pericias, carentes de valor científico, tienen validez legal, con lo cual llegan a condenar o a exculpar ciudadanos basándose en irracionalidades.   

   En los fueros civil y laboral, los peritos médicos psiquiatras y los peritos médicos legistas, en general, usurpan la incumbencia del psicólogo a fin de eludir las limitaciones metodológicas de la psiquiatría forense, ya que en dichos fueros es casi imposible que puedan hacer pasar por válido el fraude científico que sí logran perpetrar en el fuero penal. Sin título habilitante de Licenciado en Psicología y bajo manifiesta ilegalidad, algunos peritos psiquiatras y peritos médicos legistas llegan, como si fueran psicólogos, a administrar tests psicológicos o a indicar la administración de los mismos, o bien a designar, como si fueran jueces, peritos psicólogos que son contratados de modo extrajudicial y, por ende, sin ningún tipo de control. Vale decir, desde la psiquiatría forense y desde la medicina legal psiquiátrica se apela de modo sistemático a diversas irregularidades como táctica pericial o se apela a inventos capciosos de apariencia científica, cuyos fraudulentos resultados son aplicados en distintas sedes judiciales de la República Argentina como si se tratara de verdades necesarias.

   Siempre que se intenta perpetrar el fraude psiquiátrico-legista, se omite la intervención del perito psicólogo de oficio o de parte.

   En consecuencia, para evitar el fraude psiquiátrico-legista será menester la intervención del perito psicólogo de oficio, es decir, de quien tiene los conocimientos científicos y las atribuciones profesionales para la indicación y para la aplicación de los métodos e instrumentos de la Psicología y para la interpretación de sus resultados.