La puesta en escena de Thelma Fardin, la simulación de Actrices Argentinas y el sacrificio civil de Juan Darthés

RELATO CONFABULATORIO, DENUNCIA FALSA Y VIDEO MANIPULADOR

 

 

FERNANDO CESAR ROMERO

 

 

Introducción:

1) En el presente artículo se practica un análisis psicológico del personaje principal del video intitulado “MIRA COMO NOS PONEMOS” protagonizado por la actriz Thelma Fardin en el que denunció al actor Juan Darthés imputándole haber perpetrado acciones de abuso sexual en su perjuicio en la República de Nicaragua. 2) La película resulta peculiar por cuanto la protagonista representa un personaje que sería ella misma, por lo cual quedó un tanto elidida la convención sobre el carácter de ficción. Por tal razón, se ha tomado como objeto de investigación complementario al testimonio público brindado por Thelma Fardin en la conferencia de prensa convocada por Actrices Argentinas. 3) Además de deslindarse la fabulación de la denunciante y la falsedad de la denuncia, se ponen en evidencia las manipulaciones de la cognición y de las emociones que se instrumentan mediante el video. 4) Demostrándose mediante la pericia que el video no es otra cosa que una ficción, queda en virtud de ello demostrado que el actor Juan Darthés ha resultado ser la víctima de un sacrificio civil.

 

Consideraciones metodológicas:

Se aplica la Lógica, disciplina que rige las formas del pensamiento racional, por lo que la apelación a la misma no requiere de mayor justificación. También se aplica la Psicología del Gesto y la crítica teatral del filósofo Lucio Anneo Séneca, las que se ajustan de suyo a este tipo de casos. La Psicología Clínica y asimismo los principios del Psicoanálisis se adecuan a la inteligencia del caso, ya que no se trata de otra cosa que de la conducta y de la psique humanas. La Psicología del Testimonio se aplica al examen de testimonios de menores. Sin embargo, resulta posible aplicarla al testimonio de adultos, ya que si posibilita la detección de discursos inverosímiles en quienes no desarrollaron plenamente la inteligencia, el diagnóstico también resultará válido en quienes sí hayan alcanzado un mayor desarrollo intelectivo. El Psicodiagnóstico se emplea aquí con ciertas reservas: sólo cuando resultan análogas la situación a analizar y la situación estándar de evaluación. 

 

El relato confabulatorio de la Srta. Fardin:

La denunciante se mostró muy incómoda ante la indagación objetiva del caso efectuada por la prensa (véase ut infra). Tal incomodidad se tradujo en forma de filtraciones que delataron su mendacidad. En base a las siguientes razones, puede inferirse que el testimonio de la Srta. Fardin resultó confabulatorio:

a) La contradicción de Thelma Fardin:

Un fragmento del testimonio de la denunciante ofrecido a la prensa es el siguiente:

 

“La persona que entró era alguien del hotel que venía a subir una tarjeta. Golpeó la puerta de la habitación. Cuando golpeó la puerta de la habitación yo me paré. Esa persona salió de encima mío; Juan salió de encima mío. Y yo fui a la puerta, abrí la puerta y salí. Esa persona no entró en la habitación, no, no”.

 

Según se advierte, Thelma Fardin afirmó y negó que el conserje haya entrado a la habitación. Vale decir, se contradijo en la declaración que dio a la prensa respecto de la denuncia de abuso sexual radicada en la República de Nicaragua. La transgresión de la Lógica demuestra que el relato de la Srta. Fardin es irracional.

b) La alteración de las leyes de la física:

Por otro lado, la Srta. Fardin enunció la secuencia de hechos de modo tal que primero ella se levantó y después el Sr. Darthés salió de encima de ella. La secuencia temporal que puede verificarse en los cuerpos que ocupan el espacio es que primero el que está encima de alguien se levanta o es levantado y después el que está debajo se para, o bien ambos simultáneamente se corren del lugar que ocupan. Pero la Srta. Fardin invirtió el orden. Por cuanto la Srta. Fardin alteró la física de la secuencia de la ocupación de los cuerpos en el espacio, puede concluirse que su declaración dada a los periodistas tiene la forma narrativa de una fabulación.

c) La falta de respuesta y los gestos de mendacidad asociados:

La Srta. Fardin rehusó responder a una de las preguntas formuladas. Ahora bien, la negativa de la entrevistada a dar la respuesta, de acuerdo a los estudios realizados por los ex agentes de la CIA Philip Houston, Michael Floyd y Susan Carnicero, es un indicio respecto a que la verdad no está del lado de la interrogada.

La prensa, pues, indagó por segunda vez la llegada del conserje a la habitación. Conforme señalamos ut supra, la Srta. Fardin se contradijo en el relato de ese episodio, de lo cual ya se dedujo su mentira. No obstante, más allá de la contradicción, cuando observamos en cámara lenta las expresiones de Thelma Fardin durante la segunda pregunta referida al conserje, vemos una fugaz expresión coartada de disgusto en su rostro mediante sus labios. En efecto, Isabel Durana en su libro informa que levantar el labio superior con el inferior constituye un gesto de disgusto. Ahora bien, acto seguido del gesto de desagrado Thelma Fardin lo enmascaró con la expresión de una sonrisa y seguidamente desvió ostensiblemente la mirada del periodista de C5N que había formulado la pregunta molesta. De acuerdo a la Psicología del Gesto, el enmascaramiento y el retiro de la mirada son índices de engaño.

d) El cuestionamiento a los entrevistadores:

También cuestionó reiteradamente a los periodistas alegando que las preguntas no estaban a la altura de su denuncia. Desde el punto de vista de la Evaluación Psicológica, la crítica al entrevistador indica la emergencia de sentimientos persecutorios. Ahora bien, con relación a la situación, y si la hipótesis de los sentimientos persecutorios es correcta, los mismos sólo pudieron haber tenido su razón de ser en tanto la entrevistada haya supuesto que podría descubrirse un fraude. Por otra parte, de acuerdo a los citados ex agentes de la CIA, las quejas sobre los procedimientos tienen el mismo significado que la falta de respuesta. Es decir, la verdad no está del lado de Thelma Fardin.

e) La negación gestual de la eficiencia del video:

Tras haber expresado la queja a la prensa, la Srta Fardin sostuvo:

 

“Creo que en el video soy clarísima”

 

Ahora bien, al mismo tiempo que la Srta. Fardin dijo “Creo que en el video soy clarísima” lo negó con el gesto de su cabeza. Esto significa que, a juzgar por el gesto subconsciente de negación, ni la Srta. Fardin cree en su propia película.

f) Los reiterados gestos de alivio:

Tras las distintas respuestas, la Srta. Fardin exhaló con intensidad el aire de sus pulmones. De ello se colige que se sintió sumamente incómoda ante la indagación objetiva del caso. Y después de la afirmación verbal “Creo que en el video soy clarísima”  y negación gestual de la misma, expresó el gesto de secarse el sudor de la frente con su mano. Vale decir, la Srta. Fardin se mostró sumamente nerviosa ante la indagación periodística del caso. Tal nerviosismo es característico de la persona que miente y siente que puede ser descubierta.

Por otra parte, acerca del gesto subconsciente de secarse el sudor de la frente el refrán ya había dado su veredicto: “Transpiró como testigo falso”.

g) El empleo de la mano como máscara:

Tras el cuestionamiento a la prensa, la Srta. Fardin apeló a al uso de una máscara, pues se cubrió parcialmente el rostro dos veces con la mano. De acuerdo a Paul Ekman, “Si uno se cubre el rostro o parte de él con la mano (...) habitualmente eso dejará traslucir que está mintiendo”.

h) El encogimiento de hombros:

Inmediatamente después de haber respondido la pregunta sobre el llamado a la puerta de la habitación del hotel en la que relató la supuesta violación sexual, la Srta Fardin cerró los ojos (véase ut infra) y simultáneamente se encogió de hombros. Este ademán significa “no se”. Es decir, la Srta. Fardin relató haber sido abusada pero con el gesto expresó no saber sobre el hecho. Por lo tanto, la Srta. Fardin nuevamente se contradijo: lo que afirmó en lenguaje verbal lo negó en lenguaje gestual.

i) Los gestos regresivos (ojos cerrados):

Cerramos los ojos, fuera de la expresión de parpadeo y fuera del amor, cuando queremos evadirnos del mundo. Un ejemplo típico de ello se da cuando queremos dormir. De acuerdo a la Psicología del Gesto, los gestos autísticos constituyen una expresión regresiva causada por un conflicto. Ahora bien, los estímulos exógenos no fueron otra cosa que las preguntas de los periodistas. Y en reiteradas oportunidades, tras haber respondido preguntas, la Srta. Fardin dejó sus ojos cerrados (gesto regresivo) de modo consecutivo por algunos segundos. No estando causados los conflictos por las preguntas, se infiere uno de los componentes de los mismos estuvo motivado por las respuestas. Ahora bien, lo único que puede suscitar un desequilibrio gestual con el uso de la palabra es la ausencia de su correspondencia con la realidad. Y la Srta. Fardin expresó un desequilibrio gestual regresivo tras varias de las respuestas que dio a la prensa. La expresión del cierre de los ojos mantenida significativamente por más tiempo del empleado en otras expresiones es otro de los indicadores de falsedad del relato. Además, implica la de necesidad de evasión ante la indagación periodística. Ese gesto expresado en esa circunstancia constituye un índice de falsedad de las respuestas dadas o de algunos componentes de las mismas.

j) El discurso condicional:

La entrevistada declaró espontáneamente a la prensa:

 

“Si hay algo que me pasó a mí en particular, (...)”

 

Se observa que la Srta. Fardin se expresó en términos condicionales. Ahora bien, los enunciados condicionales son verdaderos cuando el antecedente y el consecuente son falsos y también cuando el antecedente es falso y el consecuente verdadero. Por lo tanto, no afirmó categóricamente que padeció una violación sexual. En consecuencia, la Srta. Fardin relativizó a su propia denuncia. Inclusive, en el consecuente del enunciado manifestó que lo que le pasó fue una toma de conciencia, no el supuesto abuso.

 

El acting cinematográfico: 

El diario El País publicó la fotografía del detrás de escena en la que se ven a los distintos técnicos que intervinieron en producción de la filmación.

El primer índice de inverosimilitud presente en la denuncia que el personaje representado por la actriz Thelma Fardin formuló contra el actor Juan Darthes está constituido por el marco cinematográfico a través del que se vehiculizó dicha denuncia. En efecto, la actriz hizo su exposición en función de una determinada escenografía, iluminación y actuación bajo llanto mirando hacia cámara. Se comprobó que el estilo cinematográfico en su conjunto coincide con una escena de la película “LOS QUE AMAN ODIAN”, según mostrara el periodista Eduardo Feinman en su programa del Canal A24. Al ser una elaboración estructurada, la denuncia no cumplimenta el criterio de elaboración inestructurada que exige la Psicología del Testimonio.

Además, el hecho de haberse copiado el formato de otra producción cinematográfica implica la ausencia de originalidad, lo cual constituye, de acuerdo a la Psicología del Testimonio, otro índice de inverosimilitud del relato.

 

El simbolismo de la vestimenta:

Cabe destacar que, según María L. Siquier de Ocampo y María E. García Arzeno, la forma de vestir forma parte del lenguaje no verbal. A los fines del rodaje, el personaje de Thelma Fardin estaba vestido con un buzo a rayas prominentes de color bordó y negro. La ropa a rayas simboliza la delincuencia y el hecho de estar rayada, en el lunfardo, además, simboliza la locura. En consecuencia, el personaje representado por la actriz es susceptible de ser valorado en los términos señalados.

Por otra parte, se advierte un contraste entre el color gris de base del buzo de la película y el rojo de la remera que vistió la Srta. Fardin en el conferencia. El primero es un color neutro, mientras que el segundo indica el deseo de expansión. Como dijo Max Lüscher: “El rojo simboliza la sangre de la conquista”.

El personaje y la persona se muestran como dos caras de la moneda.

 

La inducción en la mente del espectador de la representación del presunto hecho mediante ardides publicitarios (Manipulación de la cognición):

El cuadro principal de la película se presenta bajo fuentes de iluminación bien definidas, a tal punto que producen efectos de mayor y de menor claridad, según la incidencia de los rayos lumínicos. Resultaría superfluo efectuar un análisis completo del cuadro como si el mismo fuera el protocolo de un test proyectivo. Sin embargo, es posible efectuar un análisis puntual. En efecto, al estar perfectamente iluminada la escena, puede inferirse que no cumplen ninguna función lumínica los veladores encendidos. Ahora bien, si la función de los veladores encendidos no es lumínica, entonces es simbólica. De acuerdo a Juan Portuondo, el candil (velador) simboliza el pene. Por lo tanto, la película tiende a generar de modo subconsciente representaciones de índole sexual en el espectador. El objetivo de tal ardid no puede ser otro que reforzar el efecto del discurso del personaje de Thelma Fardin para que produzca la impresión de referencia a la realidad.

Por otra parte, el hecho de haber una cama como escenografía del cortometraje a la vez que el relato de la protagonista versa sobre una denuncia de abuso sexual implica la inducción en el espectador de una asociación mental subconsciente que se produce por contigüidad funcional, ya que las relaciones sexuales suelen tener lugar en la cama. Es decir, la imagen de la cama induce la representación mental de la relación sexual. Al producirse de modo subconsciente dicha asociación mental, el espectador queda con el mensaje subliminal dentro de su mente sin que pueda tomar la debida conciencia, produciéndole de ese modo efectos persuasorios. Esto significa que en la película de Thelma Fardin se ha optado por inducir psicológicamente al espectador a representarse la facticidad del contenido de la denuncia.

En consecuencia, la dirección de la película de Thelma Fardin apeló a una estrategia de tipo publicitario de inducción de mensajes subliminales en orden a la presentación de la denuncia de abuso sexual. Por lo tanto, la denuncia, en lugar de tener la estructura lógica que exige la Psicología del Testimonio, tiene estructura publicitaria de marcketing, lo que constituye otro índice de inverosimilitud de la denuncia.

En resumen, la película protagonizada por Thelma Fardin manipula la cognición del espectador.

 

La ausencia de espontaneidad:

El hecho en sí de la comunicación con la mirada de la actriz orientada hacia la cámara constituye una conducta que indica la total ausencia de espontaneidad. Sin embargo, podrá argüirse que el formato elegido para la comunicación de la denuncia ha sido la manifestación frente a cámara. Empero, la filmación presenta varios cortes, lo que significa que fue editada. La edición de la filmación denota aún de modo más contundente la ausencia de espontaneidad. Ahora bien, la ausencia de espontaneidad es otro indicador de inverosimilitud de la declaración.

 

La oblicuidad de los labios (asimetría del rostro):

Ni bien comienza la película, el personaje denunciante de Thelma Fardin se muestra con sus labios en posición oblicua. En el campo de la comunicación no verbal, la asimetría en el rostro es un índice de engaño. Por lo tanto, la oblicuidad de los labios del personaje representado por la actriz Thelma Fardin importa un índice gestual de la falsedad de la denuncia de abuso sexual.

 

La negación gestual de una afirmación metafórica:

         La denunciante se refirió a un supuesto hecho indecente denunciado por otra persona con referencia al actor Juan Darthés bajo las siguientes palabras: “Hasta que hace unos meses escuché otra chica acusar a la misma persona; y eso fue un cachetazo para mí”.  Ahora bien, al tiempo que el personaje de Thelma Fardin decía “eso fue un cachetazo para mí”  lo negaba con el gesto de su cabeza. Por cuanto el lenguaje no verbal expresa el pensamiento, la negación gestual de la metáfora verbal del cachetazo implica otro marcador de falsedad del relato del personaje representado por Thelma Fardin.

 

Las manos siempre ocultas del personaje de Thelma Fardin:

A lo largo de todo el cortometraje, el personaje interpretado por Thelma Fardin nunca muestra las manos. De ello puede deducirse que la película protagonizada por Thelma Fardin oculta la verdad. Por otra parte, de acuerdo a Paul Ekman, “el indicio del engaño se obtiene al advertir una disminución del número de ilustraciones”. Ahora bien, las ilustraciones del discurso se producen habitualmente con las manos. Y, según se ve en la película, no se presentan ilustraciones del discurso.

 

La ausencia de detalles secundarios:

La referencia específica de la denuncia sobre abuso sexual se inicia, por parte del personaje de Thelma Fardin, con las siguientes palabras: “Una noche comenzó a besarme el cuello”. Y finaliza con las palabras: “alguien tocó la puerta y yo pude salir de esa habitación”. Es decir, la única comunicación a modo de dato referido por la denunciante es que el supuesto hecho indecente habría tenido lugar en una habitación. A la postre, y en virtud del testimonio del denunciado, nos enteramos que la habitación en cuestión era la de éste. Ahora bien, la actriz omitió referirse al tópico y así evitó tener que decir cómo había llegado a la habitación de un hombre y para qué se había dirigido allí. En resumen, la actriz en su representación cinematográfica, omitió hacer mención del estado subjetivo que la llevó al cuarto de un varón como así también omitió referir distintos detalles secundarios de la denuncia. La insuficiencia de detalles secundarios, conforme la Psicología del Testimonio, implica otro índice de inverosimilitud del relato de la película protagonizada por Thelma Fardin.

 

El tópico de la fantasía de violación y el gesto erótico del personaje:

         De acuerdo a Helen Deutsch, una de las fantasías característica de la mujer es la fantasía de violación: “Sabemos que las fantasías de violación son variantes de las fantasías de seducción que nos son tan familiares en los relatos falsos de las mujeres histéricas. Tanto las fantasías de seducción como las de violación son deliberadamente comunicadas a otras personas como si fueran ciertas y tienen el típico embuste pseudológico”. Cabe recordar que el personaje de Thelma Fardin se sintió identificado con los hijos de Juan Darthés (“tus hijos tienen mi edad”), lo cual es consistente con factores edípicos. Casualmente, el periodista Mario César Thibault Molina difundió información acerca del encarcelamiento del padre de la actriz al haber estado condenado por una violación sexual intrafamiliar. Además, la Srta. Carla Lescano informó públicamente que su hermana Thelma Fardin ya había denunciado fantasiosamente al novio de su madre por violación sexual. Por razones éticas, no avanzamos en la interpretación psicológica del tema. Volviendo a la película, cuando la protagonista dijo “Me metió los dedos [en la vagina]”, acto seguido se mordió el labio inferior de su boca, es decir, produjo un gesto erótico, lo cual es compatible con la influencia de una fantasía erótica. Cabe consignar que la pseudología siempre conlleva como su motivo a la sexualidad. En resumen, el acto gestual que expresa una fantasía erótica y la denuncia de abuso sexual se presentan conjuntamente y, además, acompañadas de una manifestación que ubica al personaje en el lugar de hija y al acusado, por ende, como representante de la imagen paterna.

 

La falta de realismo:

         Thelma Fardin en su rol cinematográfico dijo: “En el año 2009 estaba de gira con un programa infantil muy exitoso. Tenía dieciséis años. Era una nena.” Ahora bien, todo el mundo sabe que quien tiene dieciséis años no está atravesando el ciclo vital de la niñez, sino el de la adolescencia. Vale decir, el personaje de la actriz Thelma Fardin cambió el significado psicoevolutivo de los dieciséis años. Según la Psicología del Testimonio, la alteración de la naturaleza es un índice de falta de realismo. Y la falta de realismo denota la inverosimilitud de la declaración.

 

El llanto con los labios sin expresión disfórica:

Cuando el llanto es genuino, es decir, cuando expresa una emoción de tristeza, se inicia con la comisura de los labios se arqueada hacia abajo. En efecto, la fisiognómica del llanto establece: “El acto de llorar suele ir precedido del abarquillamiento del labio inferior al cual sigue el descenso de las comisuras labiales hacia abajo y hacia afuera, en tanto los labios descansan superpuestos” (confróntese el libro de Fritz Lange). Sin embargo, el personaje de Thelma Fardin siempre lloró con sus labios en posición horizontal. Tal posición neutra de los labios no denota expresión disfórica. Por lo tanto, el llanto representado por la actriz carece de resonancia afectiva. Esto significa que el personaje de Thelma Fardin no representó un llanto genuino. De ello se sigue que las verbalizaciones expuestas por la actriz Thelma Fardin son compatibles con la existencia de un guión.

Debe destacarse que el llanto, aun estando mal representado por la actriz, contagia en el espectador reacciones emocionales de tristeza, lo cual constituye una estratagema tendiente a la persuasión.

 

La reiterada deglución de saliva:

El cortometraje muestra a la protagonista Thelma Fardin tragando saliva cuando manifestó “Yo le dije que no”. También tragó saliva cuando dijo “Se subió encima mío y me penetró”. Ahora bien, la deglución de saliva, de acuerdo a los ex agentes de la CIA Philip Houston, Michael Floyd y Susan Carnicero como así también de acuerdo al psicólogo Paul Ekman, constituye un gesto que denota la falsedad de la declaración. En este caso, la actriz Thelma Fardin tragó saliva justamente cuando relató el núcleo de la denuncia de abuso sexual. En consecuencia, un significativo marcador de la falsedad del relato se hizo presente cuando el personaje de Thelma Fardin dijo haberse negado a la relación sexual y cuando dijo haber sido penetrada.

 

La negación gestual tras la enunciación del presunto acto de penetración:

Luego de haberse referido a la penetración, el personaje de Thelma Fardin bajó la cabeza. Ese es un acto que corresponde al repertorio de trucos teatrales. En efecto, ya en el siglo I el filósofo Lucio Anneo Séneca había comentado que los actores bajan la cabeza para simular vergüenza: “Los actores escénicos, que imitan las pasiones que expresan el miedo y el temblor, que representan la tristeza, para expresar la vergüenza acuden al procedimiento de bajar el rostro, hablar en voz baja, fijar los ojos deprimidos en tierra. Pero no pueden hacer que nazca el rubor, ya que ni se evita ni se provoca.” Y tras haberse mostrado cabizbajo (sin haberse ruborizado), el personaje de la actriz Thelma Fardin efectuó el gesto de negación con su cabeza. Las palabras previas al gesto de negación se referían a la penetración.

 

La ausencia de contexto de víctima (parálisis, defensa, huida, sometimiento o pedido de auxilio):

El personaje representado por Thelma Fardin nunca hizo referencia a tipo alguno de amenaza que haya sufrido por parte de Juan Darthés. Tampoco señaló que ella haya ejercido algún tipo de resistencia física ante el supuesto abuso. Por otra parte, cabe destacar que el personaje de Thelma Fardin refirió haber dicho, entre otras comunicaciones, “no” en distintas oportunidades, de lo se deduce que la protagonista nunca estuvo paralizada. Tampoco dijo que haya intentado escaparse. En consecuencia, el relato de la actriz en la película que denuncia la supuesta violación sexual carece de contexto de víctima, ya que no se paralizó, no huyó, no se defendió, no estuvo sometida por amenazas ni gritó para pedir auxilio. La falta de contexto constituye, de acuerdo a la Psicología del Testimonio, otro indicador de inverosimilitud de la denuncia de abuso sexual.

 

La ausencia de manifestación de estado subjetivo de malestar anímico:

         La denunciante nunca expuso en el film haber sentido alguna sensación traumática durante los supuestos hechos. Sólo dijo que dijo “no” y que se posicionó en plano de igualdad con los hijos del denunciado (“tus hijos tienen mi edad”). Vale decir, no expuso haber atravesado sensaciones de ansiedad, de miedo ni de dolor psíquico durante el supuesto episodio, lo cual constituye otro indicador de la inverosimilitud del relato del personaje de Thelma Fardin.

 

La inconsistencia entre el contenido de la denuncia y la sonrisa del personaje de Thelma Fardin:

         Al final del cortometraje, puede verse a la actriz con una gran sonrisa, lo cual viene a contrastar con el sentido de gravedad que le infundió a su relato. Tal tipo de contrastes suele observarse en casos de simulación.

 

La evocación incompatible con el padecimiento de un trauma psíquico:

Con radiante sonrisa, el personaje de Thelma Fardin dijo “mirá cómo nos ponemos”. Sin embargo, el personaje de Thelma Fardin le había atribuido al denunciado las palabras “mirá cómo me ponés” con relación a una supuesta expresión de virilidad relativa al supuesto abuso sexual denunciado. Ahora bien, de acuerdo al Psicoanálisis (confróntese el libro de Otto Fenichel, el capítulo sobre las neurosis traumáticas) como así también de acuerdo al DSM-5 (confróntense los criterios diagnósticos del estrés postraumático), quien sufre una vivencia traumática realiza esfuerzos defensivos por evitar la representación mental traumática o cualquier representación mental que pueda asociarse al evento traumático por contigüidad material o por semejanza semántica. No habiendo sido ese el caso del personaje de Thelma Fardin, puede concluirse que la evocación hecha por la actriz de la frase atribuida al denunciado en ocasión de la supuesta violación sexual es incompatible con el padecimiento de un trauma psíquico asociado a la denuncia formulada en la película.

 

Manipulación de los sentimientos de la audiencia:

La película, cerca de su fin, presenta la intervención de un coro de actrices repitiendo la frase “mirá cómo nos ponemos”. Ese segmento se editó en la gama de matices acromáticos desde el claro al oscuro. Ahora bien, dicha coloración, más allá de las caras de las actrices, induce sentimientos depresivos y paranoides. Sin perjuicio de alguna cualidad artística que alguien pudiera encontrar, desde el punto de vista psicológico el cortometraje finaliza induciendo sentimientos negativos en la audiencia. Es decir, la película protagonizada Thelma Fardin está editada de modo tal que tiende a la manipulación psicológica de los sentimientos del espectador al inducir reacciones emocionales depresivas y paranoides.

 

Conclusiones:

1) La declaración periodística de Thelma Fardin que alude a la supuesta violación sexual que habría tenido lugar en la habitación de Juan Darthés posee la forma narrativa de una fabulación. 2) La película “MIRA COMO NOS PONEMOS” protagonizada por la actriz Thelma Fardin en virtud de la cual se formuló la denuncia mediática de abuso sexual contra Juan Darthés presenta gran cantidad de indicadores de inverosimilitud y de falsedad del relato. 3) El personaje de Thelma Fardin no presenta índices de trauma psíquico asociado a la denuncia de marras. 4) La película protagonizada por Thelma Fardin se valió de distintos ardides psicológicos en orden a la manipulación de la cognición y a la manipulación de las emociones del espectador. 5) Si, como se deduce, el relato es confabulatorio, la denuncia es falsa, el video es manipulador y la conducta es opuesta a la de quien padece una vivencia traumática causada por abuso sexual, entonces el personaje representado por Thelma Fardin no representa a una víctima. Por consiguiente, la víctima es Juan Darthés.

 

Hipótesis diagnósticas:

1) Hipótesis: histeria. El personaje compuesto por Thelma Fardin no representa a la persona en lo que respecta a la denuncia de abuso sexual. Es un personaje que se muestra bajo el influjo de una fantasía de violación sexual con relación a un representante de la imagen paterna, lo que implica una derivación de la fantasía de seducción. Las fantasías de violación son relatadas mediante un llanto actuado que sugiere realismo. En consecuencia, el personaje representado por Thelma Fardin importaría un cuadro de pseudología sobre fantasías de violación sexual con conflictos edípicos no resueltos.

2) Hipótesis: psicopatía. El grupo Actrices Argentinas, el cual proclamó su militancia a favor del sufrimiento humano, presentó la ficción de Thelma Fardin como si remitiera a hechos reales de abuso sexual y así logró producir el detrimento de la imagen social del actor Juan Darthés. En consecuencia, el grupo Actrices Argentinas sería una organización que conlleva un sesgo psicopático en su perfil.

 

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